Aquí en éstas cuatro paredes blancas. El grito del vecino del cuarto de al lado, y la gota que cae. La comida fría y marchita. El paso cronometrado de los que toman notas. El televisor de la pared apagado, y la luz roja parpadeante del detector de humo. El piso lleno de huellas pasadas. Las palabras sin sentido. Todo lo que faltó por hacer. Todo lo que por siempre inconcluso quedará. La luz a media marcha que roza mi cara, y los pensamientos que inundan el escaparate que es mi mente. Todo lo familiar tan lejos de ser familiar; y al fondo… al fondo veo el mar. Pensar en mañana cuando la verdad es que siempre es hoy. Verte morir es morir lentamente. Cuando mañana sea hoy seras solo la imagen distorsionada de lo que una vez fue y se borrará de ese, mi escaparate, todo aquel recuerdo de aquello que alguna vez fue familiar. Tiempo que nunca vuelve. Oscuridad.