La vida es como una maldita competencia. Todos compiten por resaltar. Pero yo me he dado cuenta de algo con el paso del tiempo, y es que para resaltar no hay que buscar resaltar.
Resaltar no significa competir o llamar la atención o mucho menos dañar a los demás para lograr los objetivos. Y para aquellos que se la pasan en la inútil búsqueda de resaltar, compitiendo para ello, y dañando a los demás les digo:
” El que se afana en buscar resaltar lo único que consigue es saborear la amargura del anonimato”.