Hace casi tres meses me dirigí a varios colegios en Maracaibo en busca de una oportunidad de dar servicio comunitario. Luego de unas dos semanas de intentos conseguí concretar dar clases en el colegio San Francisco de Asís. El San Francisco de Asís es un colegio de puras niñas, por lo que pensé que sería todo un reto dar clases ahí y acepté los términos que me fueron negociados para poder cumplir mi servicio en dicho colegio.
El primer día de clases fue un poco difícil y el nerviosismo estoy seguro que se sentía en el ambiente. El servicio comunitario lo presté en conjunto con Ariana Delgado, quien de tanto decirme: Nos vemos en el camino, pues terminamos en el mismo camino prestando este servicio :) Ese día asistieron 10 niñas de entre 11 y 14 años. Unas eran de la sección A y otras de la sección B. Es importante destacar que me pareció una experiencia maravillosa dar clases. Pude notar cuáles eran las deficiencias de cada una, cómo era tan distinto el comportamiento entre cada una, cómo cambiaba el ambiente del salón cuando faltaba alguna, cuándo mentían, cuándo se ponían nerviosas por no saber algo, etc…
Entre algunas situaciones que más me impactaron es ver el daño que en ocasiones los padres pueden hacerle a sus hijos con los comentarios que le dicen. En una clase estábamos analizando cómo hallar áreas de polígonos. Ariana propuso un ejercicio en donde un triángulo era dibujado dentro de un rectángulo y se pedía el área total. Todas las niñas empezaron a hallar tanto el área del triángulo como la del rectángulo y la sumaron. Obviamente el resultado era erróneo, lo que se buscaba era que ellas se dieran cuenta de que el triángulo por estar dentro del rectángulo su área no debía ser sumada. Luego de explicar la situación, y de reírnos porque de verdad fue divertido, entonces rayamos el área del triángulo y preguntamos cómo se haría en ese caso. Respondió una de ellas y dijo:

En ese caso si tenemos que usar el área del triángulo. Se la restamos al rectángulo y me da la sección rayada.

Al escuchar esto, pues Ariana y yo respondimos al unisono:* muy bien. Al ver la cara de la alumna, cuyo nombre no escribiré, le pregunté: ¿Estabas segura de la respuesta o la tiraste a pegar?. Con esta pregunta, le puse el beneficio de la duda. Ella se confundió y me contestó que *ella la tiró a pegar, porque ella era bruta… Yo al escuchar esa respuesta obviamente me molesté y le dije que no repitiera más nunca eso en su vida que ella no era bruta. Que la respuesta la dio porque analizó el problema, y entendía lo que sucedía. Entonces me dio por preguntarle:

¿Quién te llama bruta en tu casa?

Su respuesta fue:

Todos me dicen bruta…

Es increíble cómo la familia de alguien es capaz de descalificar a sus integrantes de esa manera. Yo le recomendé que nunca se dejara llamar bruta de nadie, porque ella no lo era. Al decirle esto su pregunta (de manera asombrada) fue la siguiente:

¿Usted cree que yo soy inteligente?

Mi respuesta:

Sí.

La reflexión de todo esto, a pesar de que yo no tengo hijos, es que debemos cuidar muy bien lo que decimos…
Algunas de las niñas dejaron de asistir, al parecer no les interesaba la clase o era más importante revisar el facebook, atender al noviecito o chatear por el messenger entre otras cosas.
En otro orden de ideas, no todo es malo :), hoy como fue la despedida, me han regalado esto:
serviciocomunitariomu
Fue algo bastante tierno de parte de ellas, aunque la broma que me hicieron (cuyo cerebro detrás era María Fernanda) no me agradó mucho que se diga. Nunca las olvidaré :) María Fernanda, Frankelis, Crislibeth, Dhanelis, y Meryan; les deseo lo mejor.