Mi padre es árabe, y a pesar de que él es druso, yo soy católico (tal vez porque mi madre es Colombiana :)). La frase Dios es grande es ampliamente utilizada por los musulmanes e incluso algunas veces por los drusos. Y no hay hasta ahora una frase tan hermosa como esa que me haya hecho reflexionar tanto.
Voy a contar una historia, la contaré incluso sin saber si alguien la leerá, pero lo haré igual. Es la historia de un muchacho cuya madre es muy clasista. Cuando él estaba en la secundaria, le tocó vivir en el grupo de los “perdedores”, aquellos que eran rezagados por los demás, mal tratados, mal vistos y por sobre todo, diferentes. En dicho grupo en ese inframundo conoce 2 muchachos que con el paso de los años se convirtieron en sus mejores amigos. Mi rol en esta historia quedará a interpretación del lector.
Esos dos amigos eran personas que no tenían tanto dinero como él tenía o incluso los padres de ellos no tenían ni siquiera profesiones. En muchas de las veces que ellos se reunían, la mamá con tendencias clasistas solía decirle cosas a él acerca de sus amigos. Ella le solía decir:

Deberías juntarte con fulano o con sultano porque su papá es médico y tienen acciones en tal club.

A pesar de todas estas palabras y desprecios de su madre, él nunca decidió irse con aquellos que lo despreciaban pero que según su madre, debería juntarse. Al grupo de 3 amigos, se sumó otro más. Y a él en una ocasión la mamá insensata le insinuó que no visitara tanto a su hijo. Ella siempre lo despreciaba, hasta que un día logró alejarlo con tantas malas cosas y malos actos. Pero seguimos los 3 juntos, ya no eramos 4, el exiliado se alejó…
Unos 13 años después, la abuela del muchacho de la madre creedora de las clases sociales, muere… Ese día… un día triste para los 3 amigos inseparables. Increíble ver que ninguno de los que deberían haber sido amigos nunca aparecieron en el velorio, pero los otros dos… los rezagados siempre estuvieron ahí hasta el último momento. Y para sorpresa, aquel que se había ido al exilio reapareció.
Cuando el día terminaba, el primer día del velorio de la difunta, ya cuando todos estábamos cansados y apesadumbrados de ver en la urna a esa persona derrotada por la vida… el muchacho se despide de nosotros, y le doy un beso en la mejilla, va a buscar el carro para recoger a su madre y a su padre. En el momento en que la madre que siempre estuvo equivocada se acercó al carro, aquel que ella mandó al exilio alguna vez le abrió la puerta y un abrazo le dio…
Creo que nunca olvidaré esa imagen tan genuina, miré a los ojos a quien debía en ese momento y pensé para mis adentros:

Dios es grande.

Una vez que padre, madre e hijo se montaron en el carro y se marcharon. Agarré y le di un abrazo al que fue desterrado alguna vez y le dije:

Te quiero mucho, nunca cambies. Dios es grande.

Él no lo entendió y preguntaba que por qué le había dicho eso. Mi respuesta fue: algún día te lo diré. Y él se fue y yo me quedé con mi otro amigo. Siempre fuimos 4. Allahu Akbar.