Francia. Nunca pensé que algún día este país fuera mi casa, mi hogar, el lugar en donde se encuentra la universidad en que sigo mis estudios de posgrado y en el cual hago una vida con mi esposa. Hace más de un año que dejé Venezuela en busca de nuevos rumbos, y vaya que extraño muchas cosas de mi madre patria.

Francia. Un país lleno de mucha historia, de muchos cuentos urbanos que se inventa la gente. De historias urbanas que pueden ser desmentidas fácilmente.

Francia. Te estoy muy agradecido por todo lo que me has dado desde que he llegado. A pesar de muchas cosas que dicen, los franceses son personas que tienden a ayudar a los otros. Y puedo decir a cabalidad que yo no soy un caso exitoso de tener relaciones inter-personales con los franceses, pero nunca ha faltado quien nos tienda la mano, y eso vale mucho. El gobierno francés a pesar de los errores que haya cometido o que cometa, creo que logra cumplir en un alto porcentaje (en tierras Francesas) su lema:

Liberté, Égalité et Fraternité.

De este hecho puedo hablar mucho, pero no es la razón de este post. Le agradezco a este país, porque mi familia me ha visitado y en ningún momento les han tratado mal ni en los bordes, ni en la calle. Nunca faltó alguien en Paris que le cediera en el metro un asiento a mi madre o a mi abuela. Aquí en Toulouse, no hubo quien les hiciera una mala cara o que no intentara comunicarse con ellos en cualquier idioma distinto al Francés. Francia, un país de contrastes como todos, pero que me ha dado la gran satisfacción de poder hacer sentir a los míos (a mi familia), que esta es mi casa, que estoy bien,  y que cuando vienen es su casa también.

Gracias…